Indefinición del orientador

Cuando felicité a un buen amigo orientador por su reciente jubilación, me dijo bajando la ventanilla de su coche::

— “¿Sabes una cosa Jesús? Después de 32 años trabajando como orientador, nunca he sabido cuáles eran mis funciones”.

Desde hace más de 20 años trabajo como orientador. En los últimos, lo hago en un colegio público de Infantil y Primaria. Quiero reflexionar sobre este tema y compartirlo contigo.

Las funciones del orientador u orientadora como profesional, no están definidas de una manera clara y concreta.

De una manera muy ambigua y genérica, se ha definido la orientación como actividad educativa, pero no las funciones del orientador como profesional.

A lo más que se aproxima la normativa es a genéricos como “con el asesoramiento del orientador“. Y en algunos planes y programas institucionales, se incluyen algunas funciones, pero igualmente poco claras.

Algunas consecuencias

Una de las consecuencias naturales de la indefinición es que cada orientador entiende su labor como la canción de Sinatra: “A su manera“.

De esta forma te encuentras con orientadores que hacen determinadas tareas, que dejan de hacer otras… o que una misma función la desarrollan de forma diametralmente opuesta.

“Cada orientador entiende su labor a su manera”

Algunos han decidido no hacer evaluaciones psicopedagógicas, otros no atienden la etapa de Infantil y otros, cuidan y cultivan el huerto escolar.

Hay unos mínimos que cumplir, pero después, cada uno le da su enfoque. Yo mismo tengo mi manera de entender la orientación, que, por cierto, cada vez se aleja más de la corriente general e incluso de la “corriente oficial”.

Mi forma de entenderla es fruto de mi experiencia, de mi formación, espíritu crítico y de ir filtrando lo que realmente es efectivo, de lo que son ocurrencia del momento.

Valemos para todo

Una sentencia dice: “cuando nada es seguro… todo es posible”.

Al no estar definidas nuestras funciones valemos para todo, y aunque sea muy duro decirlo, cuando se asume que vales para todo, es que en realidad piensan que no vales para nada.

De una manera más elegante un inspector me decía:

Los orientadores sois el hombre orquesta de los colegios.

Impulsores de planes y programas

“¡Tenéis que vender el producto y ser la punta de lanza!” -Nos alentaba con entusiasmo una persona de la Administración en una reunión de orientadores, sobre un nuevo proyecto o plan que se ponía en marcha, aquel curso.

En muchos casos, nuestra labor pasa por “vender”, ser los impulsores de programas y planes institucionales.

Planes que cada vez son más pasajeros y que en estos tiempos de modernidad líquida, suelen quedar obsoletos, antes de ponerse realmente en marcha, porque un nuevo plan o programa se está gestando para sustituir su etiqueta de innovador.

En todos esos planes y programas solemos estar incluidos como profesionales. Las funciones en esos programas no suelen estar claras, y en muchos casos, son los propios orientadores u orientadoras los que terminan de asumir el diseño y puesta en marcha de los planes.

Atender a lo urgente, olvidar lo importante

La indefinición favorece que se nos requiera con frecuencia para lo urgente. Para “apagar fuegos”. A veces, simplemente porque… pasabas por allí. Si eres orientador u orientadora seguro que sabes de lo que hablo.

A bocajarro te piden que des solución a situaciones que acaban de explotar, que casi siempre se veían venir, pero que nadie ha querido poner “el cascabel al gato”.
Pretenden que lo soluciones tú, de manera inmediata y sin alterar el ritmo diario y cotidiano y sin que remuevas mucho: no queda bien proponer cambios, analizar las causas o tomar otra serie de medidas.

Se olvida lo importante, la prevención, los planes a medio plazo, los cambios de rumbo lentos pero profundos, la anticipación, mantener unas pautas, una estrategia y lo más importante: definir dónde estamos y a dónde queremos llegar…

¿Tienes algo que hacer?

El subsconciente suele traicionar a muchas de las personas que entran a mi despacho.

“¿Hoy tienes algo que hacer? Es que necesitamos que hagas tal cosa”.

Esta es una situación que a veces ocurre.

La idea inconsciente es que, en realidad, el orientador no tiene nada importante que hacer (o que lo que hace no es importante) y por eso, se te requiere para otras tareas que se precisan en ese momento.

Por situaciones de necesidad, a los orientadores se nos requiere para tareas (unas más nobles que otras) que poco tienen que ver con nuestras funciones. Además, al no tener docencia directa, somos el comodín perfecto al que acudir.

El problema está en que esas otras tareas, hacen de “ladrones de tiempo”, nos apartan de lo que debería ser nuestra labor: “hacer lo importante, no lo urgente“.

En los últimos años veo como poco a poco se va mordiendo para otros menesteres, mi dedicación a la orientación, cuando no lo hace la burocracia abrumadora.

Cuando yo favorezco esas situaciones

Como orientador también tengo mi responsabilidad en esta situación y formo parte de los factores que lo favorecen.

En algunas ocasiones, se actúo de buena fe y si te necesitan para algo que no es tu perfil, se hace, por “espíritu de servicio”.

En otras, por timidez o inseguridad para decir no, cuando la situación no es “de urgente necesidad”: me cuesta decir no.

Y en el fondo, es una falta de asertividad, de no confiar en mi labor y ser uno mismo, el primero en no reconocer y dar valor a mi trabajo.

Buenas intenciones

Aunque el refrán dice que “el infierno está empedrado con buenas intenciones“, mi intención como orientador es afrontar esta situación.

No se trata de negarse a realizar otras funciones. Se trata de decir sí, a la propia labor de orientador

La primera es creer en mi trabajo y en mis funciones. Y como consecuencia, ser más asertivo para defenderlas. Para ello tendré que evitar “ladrones de tiempo”, las barreras a mi labor y decir no a lo que me aparte de mi objetivo.

En realidad no se trata de una actitud de negación,… en realidad, se trata de decir sí a lo que es mi papel y funciones como orientador educativo. Porque en los colegios, solo hay un orientador y si no cumplo con mi función… nadie lo hará por mí.

¿Y tú qué opinas?

Jesús Jarque GarcíaAutor: Jesús Jarque García Pedagogo, Máster en Psicología y Gestión familiar y Máster en Coaching Pedagógico y Educacional. Orientador en Educación Infantil y Primaria. Autor de numerosos libros relacionados con las pautas educativas, la pedagogía y dificultades de aprendizaje. Ponente en cursos y charlas a profesores y familias.

4 respuestas a “Indefinición del orientador

  1. Lola Bonillo 20 20+02:00 septiembre 20+02:00 2020 / 21:02

    En mi opinión, la aserividad es algo que no debe faltar, de otra forma perdemos el sentido de nuestras funciones. Se trata de poner en una balanza si ser asertivo/a y anteponerlas, o por el
    contrario tener compañeros encantados contigo pero que siguen desconociendo nuestras funciones, lo cual echa tierra sobre nuestro propio tejado.
    Gracias por compartir las reflexiones.

    • Jesús Jarque 20 20+02:00 septiembre 20+02:00 2020 / 21:07

      Muchas gracias también a ti por tu comentario y la reflexión que añades.

  2. Antonio Jimenez 22 22+02:00 septiembre 22+02:00 2020 / 23:50

    Esa indefinición es la grandeza de nuestro trabajo. Cada vez q oigo q van a sacar una norma o instrucciones sobre la orientación, tiemblo.
    Es cierto q muchos de esos peligros o inconvenientes existen pero te sirven para tejer esa Red de complicidades que te permiten hacer lo importante. Lo importante a través de lo urgente. Recurren a ti para lo q necesitan los profesores, el equipo directivo, las familias, las Ampas… Y esa es su perdición, tienen q escucharte. Tus comentarios, sugerencias comienzan a tomar forma en el centro. Esa es mi función.

    • Jesús Jarque 23 23+02:00 septiembre 23+02:00 2020 / 8:08

      Muchas gracias Antonio por tu comentario. Me parece muy inteligente tu estrategia, “…y esa es su perdición”. Gracias.

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